Los verdaderos orígenes
del Carnaval todavía son una incógnita. Los
estudios estiman que los primeros cultos que más
tarde se denominarían Carnaval fueron realizados
años antes de Cristo, en la agricultura, cuando
los campesinos se reunían en verano con los
rostros enmascarados y los cuerpos totalmente
pintados, alrededor de una hoguera, para celebrar
la fertilidad y productividad del suelo, bien
como alejar los malos espíritus de la cosecha.
Después la tradición llegó a Grecia. La
primera concentración carnavalesca se localiza
en Egipto. La fiesta no era nada más que danza,
cánticos, y los participantes usaban máscaras y
disfraces como símbolo de la inexistencia de
clases sociales.
Allá
por el siglo VI a. C., existía la costumbre de
pasear un barco con ruedas (carrus navalis) donde
la gente bailaba todo tipo de danza. En Roma el
carro era dedicado a la diosa egipcia Isis,
propagando el culto a los celtas y germanos. Las
ceremonias tenían un punto en común. Estaban
asociadas a fenómenos espirituales,
astronómicos y a ciclos naturales, y se
manifestaban a través de expresiones como la
danza, los cánticos, la sátira, las máscaras,
y el desorden. En una sociedad con tantas
diferencias sociales, las fiestas suplían la
necesidad de libertad para todos. Ricos y pobres
se mezclaban durante el carnaval sin reconocerse.
Enseguida,
el carnaval llega a Venecia, y de ahí a todo el
mundo. Y poco a poco fue moldeando sus
características, dependiendo de las costumbres
propias de cada país
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